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Fernando Bóbeda
Jueves, 28 de noviembre 2024
El Barrio de la Estación de Haro es de por sí un lugar inclasificable. Los jarreros se jactan que es el lugar del mundo con mayor concentración de bodegas centenarias del mundo. No se admiten comparaciones, únicamente Oporto podría osar asemejarse. Pero Haro es mucho más que el Barrio, porque nombres como Martínez Lacuesta, Ramón Bilbao, Berceo, Serres o la propia cooperativa Virgen de la Vega forman parte también del panorama vitivinícola y darían lustre a cualquier zona. Súmalas a las ocho bodegas del Barrio, la jovencita Tihom de Jorge Muga incluida, y llega el pasmo para los 'competidores'.
La historia de Haro vive unida íntimamente a la de Burdeos. Desde la aparición del oídio en 1852 en la zona aquitana y la posterior plaga filoxérica que devastó el viñedo bordelés, los apoderados franceses fueron llegando a Haro en busca de la finura de sus vinos y su gran aptitud para las largas crianzas.
1.157 hectáreas
de viñedo. 18 bodegas
En 1880 se inaugura la estación de ferrocarril, en 1884 se celebra la Exposición Vinícola Regional de Haro, en 1889 se presenta el proyecto de alumbrado por luz eléctrica, en 1891 la reina Cristina concede el título de Ciudad y en 1892 se crea la Estación Enológica de Haro. Una historia deslumbrante que continúa hasta nuestros días.
Son bodegas las jarreras con un estilo propio. Centenarias muchas de ellas, saben que hay que seguir caminando, innovando unas veces y retornando a lo ya conocido en otras, conscientes de que no hay un derecho ganado para siempre. Sus vinos entran en el clasicismo presumiendo de singularidad porque son fieles a su propia historia y exigiendo atención porque en la copa, cuando crees que has teminado, siempre aparece otro tono, y luego otro y otro.
Los vinos de Haro interpretan una partitura absolutamente única. Son singulares por su manera de elaboración, por el ensamblaje tradicional de uvas de viñedos de la comarca, no sólo de Haro, sino de los cercanos Obarenes aunque también de otras zonas, y por el buen hacer de aquellos vinateros con las largas crianzas, en barrica y en botella, que se fueron pero que dejaron su poso.
Así las cosas, eterno agradecimiento a las generaciones pasadas de jarreros con los que hoy, siendo ya hijos o nietos, podemos cruzarnos tomando un vino por la Herradura. Sus vinos son grandes, en definitiva, porque son de Haro. Y eso es mucho decir.
«Llegué a Haro en 2021 desde Ribera del Duero buscando el concepto de la afinación, el equilibrio y la elegancia, mucho más que la opulencia del tanino», explica Javier Bañales, gerente de Bodegas Martínez Lacuesta. La bodega centenaria utiliza la mención 'Bodega en Haro' en sus etiquetas y es que, como comenta Bañales, «cuando uno piensa en vinos eternos se piensa en Rioja pero, más concretamente, en Haro».
Uvas de viñas propias de Haro de más de 40 años. Fermenta en tinas de roble americano y se cría 36 meses en barrica. Tempranillo con graciano y mazuelo. 20,6 €
«Son vinos precisos, limpios con el halo de fruta, maderas integradas, independientemente de la bodega, porque todas acababan confluyendo en vinos finos, largos y armónicos. Este tipo de vinos transmiten paz porque acarician el paladar».
El gerente de Martínez Lacuesta señala que «los nuestros buscan esa paz con una menor extracción por la vía de la delicadeza y las largas crianzas en barricas usadas. Creo, además, que estos clásicos han inspirado a toda esta nueva generación de vignerones que hacen grandes vinos con otro estilo, pero ellos ven de dónde venimos y luego hacen su vino». «La grandeza de Haro –continúa– viene de sus uvas y crianzas, pero también de su traza en botella porque hay que tener en cuenta que las grandes añadas sacan todo lo que tienen dentro por su larga estancia en botella, ahí crecen y marcan las distancias».
Bañales trabaja con Álvaro Martínez, «alma máter de Martínez Lacuesta en cuestiones enológicas. Es nuestro paladar y está acostumbrado a descorchar vinos de cincuenta o sesenta años con naturalidad. Ese conocimiento, ese paladar define estos vinos: oírle decir en una cata 'éste puede evolucionar como el '58 lo explica todo'. Somos afinadores de vino desde 1895».
«En Haro nos diferencia la historia, nuestro patrimonio y el saber hacer de tantos años. Aquí llega gente de todo el mundo y se sorprende porque no se esperan este patrimonio. Primero les explicamos el viñedo, fundamental porque nos permite seguir un perfil de vino que es el nuestro por conocimiento que tenemos de suelos, viñas y variedades. Pero el factor humano marca diferencias, sobre todo en la crianza», explica María Larrea, directora técnica de CVNE.
Elaborado sólo en cosechas excepcionales. Tempranillo, graciano y mazuelo. Maloláctica en hormigón y crianza de dos años en roble francés y americano. 72 €.
«La barrica que madura nuestros vinos es fundamental. Hay que saber qué tipo de roble, qué grano, tostado, qué toneleros…». Larrea aclara que «los nuestros son vinos de mezcla, pero es cierto que los tiempos cambian: en los años 40 y 50 estaban hasta diez años en barrica y Haro era casi única en este tipo de crianza.
Pasados los '90 hubo una moda donde primaban maderas nuevas y color, en la que Haro no entró, y, ahora, aunque es como siempre hemos trabajado aquí, se vuelve a maderas sutiles, finas y elegantes, sin perder la expresión de la fruta».
La enóloga recuerda que «la filosofía la aprendí de Ezequiel 'El Brujo' y de Basilio Izquierdo. Del primero por hacer juntos el Monopole Clásico y por los apuntes que dejó en bodega; y de Basilio, por su saber hacer. Ellos me transmitieron el conocimiento y siempre se lo agradeceré. Y aquí sigo veintitantos años después sacando vinos nuevos pero con la voluntad de poner en valor los antiguos».
«Siempre he pensado que Haro supo entender muy bien la filosofía de los clásicos, que el éxito de los grandes vinos estaba en la mezcla de nuestros tempranillos finos y elegantes con el músculo de otros de perfil más mediterráneo que solían venir de Rioja Baja. Eso ha hecho único el vino de Haro porque ha entendido el más puro concepto de la mezcla», indica Julio Sáenz, director técnico de la centenaria La Rioja Alta, SA.
Ensamblaje de tempranillo de Fuenmayor y Cenicero (80%) y garnacha de Tudelilla. Crianza en roble americano por separado para tempranillo (36 meses) y garnacha (30). 27,9 €.
«Nuestro estilo –continúa– perdura frente a modas, tendencias y presiones y, ojo, que ha durado tres siglos. Y este estilo a nivel internacional está asociado a Haro; te pongo un ejemplo, en el último examen para Master of Wine pusieron un 890 en cata ciega y los expertos lo asociaron inmediatamente con Rioja».
El enólogo asegura que «es un vino absolutamente internacional. Cuando la gente viene de fuera quiere probar los clásicos; en su mente Rioja se asocia a estos vinos finos criados en roble americano, con sus trasiegas y cuidados, afinados en botella con paciencia y tiempo». Julio Sáenz apunta, además, que «los nuestros son vinos hechos, salen para poder disfrutarlos en su plenitud, pero quien los compra tiene la
seguridad que dentro de quince o veinte años podrá descorcharlos con toda confianza». «Incluso mejores –añade–, ya son tintos que se hacen mayores sin envejecer. Estamos en un perfil de grandes como Oporto, Sauternes, Barolo o Borgoña, un estilo que busca vinos para perdurar en el tiempo». Julio aclara que «aunque a veces se habla del inmovilismo de Haro, pienso que es justamente lo contrario, si algo ha tenido el Barrio ha sido un perfil innovador hasta nuestros días».
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