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El barrio de Bodegas, entre el deterioro, el abandono y el vandalismoUn nuevo gran socavón ha aparecido en el barrio de Bodegas de Lardero, un ejemplo del deterioro que sufre esta histórica zona de la ... localidad. El mirador está clausurado por la ruptura de una valla a causa de actos vandálicos, si bien las vistas, con basura esparcida alrededor, no invitan demasiado al bucólico paseo. En el barrio se suceden las bodegas cuidadas con las abandonadas y derruidas, los tramos de calle acondicionados con hormigón con el asfalto y los caminos llenos de baches y surcos. Los propietarios sienten que la zona está ya no solo degradada sino olvidada. «La situación es de total abandono. Esto hace 50 años era una fiesta, se venía aquí en quintos a merendar. Y ahora el panorama desde el mirador es digno de ver: está destrozado. Lo arreglan y en cuatro días está destrozado otra vez», clama Francisco Vallejo, vecino de Lardero y propietario de un calado.
Años atrás ya se abrió un gran socavón, lo que motivó que el Ayuntamiento de Lardero cortara el acceso al tráfico de algunas calles, si bien los conductores se cuelan por otras. Aquí, reconocen los propietarios, todas las partes tienen cierta responsabilidad, no solo el Consistorio, también quienes no cuidan sus calados y llegan hasta la puerta en coche y, por supuesto, los vándalos. Pero los socavones, como si hubiera caído un meteorito, siempre activan la voz de alarma. «Estos socavones se producen por falta de mantenimiento, de limpieza, y el agua se filtra. Hay que tener en cuenta que las calles están minadas de calados, que pasan por debajo. Hay gente que todavía echa la culpa al antiguo depósito, que está en lo alto y sigue filtrando agua», expone Francisco Vallejo, quien también reconoce que la actual situación se pueda deber, como ocurre en los barrios de bodegas de Villamediana, Entrena, Alberite y Murillo de Río Leza, a que el abandono de los calados por parte de particulares propicie la ruina.
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Jonathan Rojas, otro propietario del barrio de Bodegas de Lardero, considera que hay peligro. «No sabes en qué momento puedes pasar por un bache y vas abajo. No se ve drenaje por ningún lado», considera Jonathan Rojas. «No sirve de nada que corten una calle con bloques de hormigón cuando se puede subir por otra y los chavales suben con las motos hasta el mirador», advierte. Y Álvaro, otro vecino, opina igual: «Es una dejadez, no cuidan nada». «Pagamos impuestos de basuras, alcantarillado... igual que en el pueblo y no hay servicios. Nada de nada. No hay más que verlo», critica Francisco Vallejo.
El Ayuntamiento de Lardero contrató en 2019 la redacción del Plan Especial de Protección y Regeneración Sostenible del Barrio de las Bodegas. El «estudio cartográfico y topográfico», que se puede consultar 'on line', contabiliza 200 calados, lo que complica actuar, puesto que no se puede introducir maquinaria pesada, si bien la alcaldesa, Isabel Barceló, asegura a Diario LA RIOJA que valorará el corte total del acceso de vehículos y la instalación de una cámara de seguridad en el mirador. Por otra parte, también afirma que la Policía Local acude a la zona con frecuencia.
«Los que no mantienen los calados son sus propietarios, pero la gente no hace mucho caso. El barrio no está abandonado. Desde que yo estoy en el Ayuntamiento [seis años] hemos hecho varios arreglos. El mirador lo hemos arreglado no menos de cinco veces, pero el grado de vandalismo es inevitable», lamenta Isabel Barceló. Si hace unos años, tras la aparición del primer socavón, se cortaron unas calles al tráfico, ahora ya se plantea la peatonalización total. «Todo el mundo quiere llegar a la puerta con su coche. Ponemos unas vallas y las quitan para llevar una lavadora hasta el calado», advierte Barceló.
Así, todas las partes parecen tener su parte de responsabilidad en que el barrio de Bodegas de Lardero no luzca como antaño. Hay servicio de recogida de basura, pero solo en la calle principal, donde se encuentran los únicos contenedores. Basta con dar una vuelta por la zona para toparse con un coche en la parte alta, supuestamente cerrada al tráfico. Y así, una zona con riqueza etnográfica, incluso a nivel de lenguaje, donde a los calados se les llama cubachones y a las tuferas, zarzeras, tiene zonas que parecen un escenario bélico. «No podemos meter una máquina en una calle para arreglarla porque se hunde, al esta todo lleno de calados, tiene que ser todo manual», explica Barceló.
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