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Volvimos a buscar la estrella azul, como Mercedes Sosa, por ver si se repetía el prodigio. Otra vez en enero, como el año pasado, otra ... vez en invierno, que es cuando pasan las cosas más bonitas, solo que esta vez sí sabíamos que las chacareras se parecen un poco a las jotas. Y que se tocan con el mástil de la guitarra apuntando al cielo. Y que a veces, para encontrar lo que uno quiere, hay que atreverse a marchar a la otra punta del mundo.
Lo que nos pasó con 'La estrella azul' fue que hacía mucho tiempo que el fulgor de una película no se nos quedaba dentro de esa manera. Y que no nos embarcábamos en un viaje así, tan delicado, tan improbable, tan bien trazado... tan parecido al abrazo de un amigo querido.
Casi como sin querer, 'La estrella azul' nos contagió su transparencia, su alegría arrolladora y su tristeza infinita, nos rompió el corazón un poco y nos convenció, eso sí, de que en la comarca embrujada de Santiago del Estero bailan hasta las santas, como en la canción.
Un año después, sigo pensando que es imposible ver la película y no acabar enamorado perdido de la historia de Mauricio Aznar. Y de cómo la cuenta Javier Macipe. Y del trabajo de Pepe Llorente.
Y no lo digo solo porque yo nunca haya podido resistirme a las tragedias (aunque a ratos tengan, como aquí, aire de cuento) o porque siempre me han gustado los héroes melancólicos y poco heroicos, empeñados en cosas dificilísimas; sino porque hay veces en que el cine, el buen cine, se convierte, casi como sin querer, en poesía.
Así que volvimos a buscar la estrella azul. Solo que esta vez en concierto. Y volvimos a reírnos y a emocionarnos; y aprendimos a bailar chacareras y a dar palmas igual que aprendió Pepe Llorente con la familia Carvajal, eso contó, al ritmo de las palabras más antiguas del mundo, que son mamá y papá.
Y aquel día, al escuchar aquí todas esas canciones de allá, nos pareció que, al final, Mauricio Aznar se había salido con la suya.
Dentro de unos días se entregan los Goya y aunque 'La estrella azul' ya ha ganado un montón de premios, yo espero que gane muchos más. Y no solo porque nos guste tantísimo (que sí); ni porque a nosotros nos parezca que es «la película de Jorge» (que también); sino porque nos encanta que, aunque solo sea de vez en cuando, el cine se empeñe en cosas dificilísimas, igual que los héroes melancólicos. Y porque no está mal recordar que a veces, para encontrar lo que uno quiere, hay que atreverse a marchar a la otra punta del mundo. Y a volver.
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